miércoles, 7 de septiembre de 2016

Luces y sombras de las 5 formas de cubrir los cargos públicos






Nosotros hemos coincidido realizando tareas políticas y en la Administración del Estado desde hace unos treinta años con Mariano Rajoy. Al comienzo, en igualdad de estatus. Pero es sabido que siempre hemos procurado ser personas serias y, por tanto, alejadas de camarillas, intrigas cortesanas en pasillo alguno, o tentaciones ambiciosas más propias de insensato paranoico que de mentalidad científica en todo el ámbito del conocimiento…

En estos 30 años, mucho me temo que haya habido varias ocasiones de disenso, incluso jurídico o económico, rotundo pero que, por discreción, omito.

No somos, pues, ‘adictos’ a Mariano, al igual que jamás lo he sido de persona mortal… por sumarme al comentario del Duque de Gandía, Francisco de Borja, cuando en 1539 hubo de identificar el cadáver, ya descompuesto  dentro de su féretro,  de la que fue bellísima esposa de Carlos V, Isabel de Portugal, tras darle escolta hasta la ciudad de Granada por cumplir el póstumo encargo de ella…

Pero hay que reconocer, por estricta objetividad, que éste ‘en funciones’  es, hoy por hoy, la persona más preparada para ejercer la presidencia del Gobierno en este momento. Negarlo es  delirio  o necedad.

Sin embargo, y remedando la célebre frase final de “Con faldas y a lo loco” (Billy Wilder,  United Artists 1959, Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon),  de que “Nadie es perfecto…”, el presente  inquilino
de la Moncloa adolece de lo que, en otros ámbitos, sería sonada virtud: exceso de paciencia…  que, en vez de darle el merecido título de ‘San Mariano’, nos hace echar en falta un que otro ‘¡puñetazo en la mesa!”, ¡qué caramba!: tanto cuando un tal Sánchez, en pleno desbarre paranoico de obsesión mental, le acusa de lo que él mismo, Pedrito, es el principal culpable (en cuanto Secretario que es del partido que nos hundió en la quiebra y la corrupción en Andalucía¡como para  que ahora clame por un ¡cambio! que supondría PURO REGRESO al desastre!); como cuando recientemente algunos funcionarios digamos… en la inopia, le meten goles como para ganarse cinco ‘balones de oro’  de una sola tacada…

Porque esto último, y no otra cosa, ha sido argüir que Soria acudía a un ‘concurso’ en el que haber sido Ministro  le daba inenjugable ventaja sobre otros…  (Es  --claro--  justamente no saber  lo que es un ‘concurso’…)

Pues miren ustedes: hay cinco formas de cubrir puestos públicos: 1/ por ‘oposición’; 2/ por ‘concurso-oposición’; 3/ por ‘concurso’; 4/ por ‘libre disposición’; y 5/ por ‘comicios’  (o ‘votación’). Cada una, con sus luces (ventajas) y sus sombras (riesgos). Veámoslo sucintamente.

1/ Por ‘oposición.- Es decir, mediante ‘examen’  o  ‘prueba selectiva’ que consiste en responder a cuestiones propuestas sobre extensos temarios específicos. Es lo que se estila desde el principio de los tiempos… O sea: sin pizca ni asomo de inventiva o ingenio.

¿Ventajas? Una supuesta ‘objetividad’. Supuesta… si no hay ‘chuletas’ u otros trucos de por medio.  Pero con el tremendo riesgo de estar primando facultades simplemente ‘memorísticas’ que sirven ¡de cine! para… ser, por ejemplo, ‘cocineros’ pero… ¡mediocres!: que recuerdan los ingredientes que hay que usar, en tiempo y forma y cantidad, y… ¡nada más!. Facultades memorísticas  que… ¡ojo!: también se aplican a la resolución de problemas matemáticos e ingenieriles (¡no se lo pierdan!) . Pero que… ¡es lo que hay!... Muy útiles para amanuenses y muchedumbre de subordinados dóciles y… tirando un punto a tontos…

2/ Por ‘concurso-oposición.- Consiste en añadir, a lo anterior, un sumando relativo a la ‘experiencia’ (o ‘currículo’) del aspirante: que nos dé mejor idea de si se adaptará más o menos a lo que tendrá que hacer o resolver luego…

Bastante mejor, pues, que lo anterior. Pero con el gran inconveniente que cumple con al refrán de “a perro gordo, engordarle el rabo”. Porque se basa en seleccionar ‘de entre’ los que ¡ya! han trabajado lo suyo… Pero  excluye  obviamente  a los que empiezan  su vida laboral, o a quienes quizá, lícita e incluso muy acertadamente, querrían variar su derrotero…

3/ Por ‘concurso’.- Es una suerte de ¡colmo! del defecto que muestra lo anterior: aquí sólo se premia a los que,  ¡por las artes que sean!  (por ejemplo, ‘hacer pasillo’, o destacar de ‘lameculos’; o también por verdadera y encomiable valía, no lo negaremos), ¡ya! han ido escalando puestos… Es decir: “más de lo mismo”. Poca o ninguna esperanza de innovaciones,… salvo que el tenerlas haya sido (suceso ‘raro’) el motivo de sus ascensos… 

4/ Por ‘libre designación’. - Imprescindible para ejercer funciones de ‘secretaría’  (gestión de secretos) o similar. Es decir: que sean personas ‘de la entera confianza’ de quienes les nombran. Y contando con que, para ostentar esta confianza absoluta y total, también habrán de ser  --desde luego--  especialmente ‘competentes’ en su trabajo y ocupaciones.

Pero es también excepcional  ‘caldo de cultivo’  de  pandilla de inútiles ‘lameculos’, sólo expertos en halagar al ‘jefe’ aunque sea mintiéndole sobre todas y cualesquiera cosas… con tal de no disgustarle… Por ejemplo: las camarillas de  mequetrefes  (=despreciables en lo físico o lo moral) como, en realidad, lo era  --¡no era más que eso, en realidad!--  Hílter y son sus émulos.

¡Nada tan temible  como estas ‘guardias de corps’ que siempre, como tropa de sanguijuelas vampíricas, intentan adherirse al poder y al que más lo ostenta (o… ¡detenta!, probablemente)!

Nefastas cohortes sólo prevenibles si ‘el jefe’ es lo bastante inteligente como para rodearse de colaboradores de su mismo o mejor intelecto y con los que siempre poder debatir con entera franqueza y superior humildad. ¡En esto consiste el poder confiar plenamente en alguien: que admitamos como normal, y propio de su estimable inteligencia (incluso de esa suprema inteligencia que es tener ‘sentido común’), que
nos ‘cante las   cuarenta’ con toda libertad... aunque con argumentos (incluso  --desde luego--   con el socorrido  e  irrebatible  de la intuición del “no me gusta, no me gusta” que Muñoz Seca puso en boca de Moncada  en “La venganza de Don Mendo”, cuando ‘la caza con farol’…)!

5/ Por último, la selección hecha mediante ‘comicios’ o ‘votación maniiesta en un conjunto.- Probablemente sería el mejor procedimiento… ¡‘teórico’!.  Porque para que fuese una elección en justicia y para máxima eficiencia… habrían de darse estos imposibles fácticos: que TODOS los votantes tuviesen el MISMO grado de información sobre TODAS las cualidades requeridas para TODAS las labores que en el FUTURO hubiese de ACOMETER el elegido, y que TODOS los votantes tuviesen la MISMA capacidad de ponderación y honestidad   --sin ‘pre-juicios’ ni fobias ni filias previas--  a la hora de emitir su voto. Y que, además, el candidato TAMBIÉN hubiese sido PULCRAMENTE veraz y sincero, y NUNCA  se hubiese aplicado al jueguecito  (estafa electoral)  de ENGAÑAR, EMBAUCAR, o AZUZAR zoológicos sentimientos… Lo cual, como se ve, es  lamentable  e  irremediablemente  IMPOSIBLE.

Por tanto, NINGÚN sistema  --de los cinco dichos--   esperfecto.

Pero, dentro de esto, lo que parece más evidente es que el del ‘concurso’ es el que tiene que hacerse con mayores cautelas. Precisamente porque, al no haber ‘baremos rígidos’ que aplicar, y ni tan siquiera poder dar igual sentido a hechos realizados en tiempos y contextos diversos, prima final y decisivamente cualquier antecedente ¡tanto! a favor como ¡en contra! del aspirante.

Y parece que justamente por eso por esta vez, y por atender a la propia aclaración del Ministro  --de que sería incluso preferible para el interesado haber optado a otro puesto con igual o hasta mayor ganancia y menos protagonismo--  habría que haber ‘disuadido’ a Soria  --como a la postre se ha hecho; pero a destiempo--  de lo del Banco Mundial.

Incluso con un sonoro ‘puñetazo en la mesa’ dado por “San paciente Marianito”… si preciso hubiese sido.


Dr. (Prof.) Fernando Enebral Casares