sábado, 2 de julio de 2016

Un Cielo y un Infierno diametralmente opuestos al de nuestra Metafísica es el del terrorismo yihadista






No eran por mero diletantismo --incluso de apariencia tal vez un punto arriesgada-- nuestras disquisiciones sobre el Cielo y el Infierno que, desde la Metafísica o la Teodicea, explayamos en el comentario anterior de este blog; sino por la cruel actualidad del terrorismo yihadista y su aparente sustento en erráticas concepciones que tal vez convendrá analizar y, en su caso, rebatir.

En intento de una aproximación a esto último se dirigen las siguientes líneas.

Porque, por las premisas desde las que parecen actuar estos terroristas, podría quizá desvelarse el dónde radica su desvarío, y así -- ojalá-- desvaírlo.

Parece, en efecto, que la primer fase de este extremismo se centra en quiénes y cómo reclutar adictos, es decir, en las formas y dianas de su proselitismo. Y, en este aspecto, sus esfuerzos de captación suelen dirigirse hacia:

1º/gente joven;

2º/ generalmente desubicada, es decir, advenida a un entorno socio-cultural que les era un tanto ajeno, o con sensaciones de marginación emocional;

3º/ con pocas o dudosas perspectivas de prosperar profesional o emocionalmente; 

4º/ preferentemente ingenua, incluso candorosa y hasta idealista, a quien su cotidiano devenir le devuelve una y otra vez a una realidad  desesperanzada, triste, oscura, opaca, crudamente materialista, en la que casi siempre termina ganando una deshumanizada --despiadada e inclemente -- ley de la selva  fría, taimada, cruelmente calculadora, egoísta y hedonista, que se agota en la propia y vacía fugacidad del momento en el que nace y en el que concluye, sin tiempo ni ganas para pensar en los porqués, los cómo y los paraqués  últimos de su seguir viviendo

…y que, en definitiva, albergan un inconsciente, pero más que perceptible, indudable, sentimiento de hastío, de frustración, de rechazo a cuanto y a quienes le rodean…

que acaba, incluso, en fantasmales y ululantes tentaciones de ‘rendirse’, de no proseguir, de mandarlo todo a paseo, de… ¡’suicidio’!

( Digamos, además, que éste es también el mismo estado general de ánimo que más induce a los jóvenes a caer en la drogadicción  que no es más que un suicidio lento, cual venganza que se sirve fría y sucesiva contra uno mismo y contra los demás, y con el que se busca una suerte de ‘castigo’ universal --a sí propio y al resto de tan ‘repugnantes’ congéneres-- en que encontrar la salida final al tiempo que la expiación de tantos males… ).

Es entonces el momento en  que  el ‘gancho’ yihadista --una vez así identificadas las personas vulnerables, objetivo  o ‘diana’-- pasa a la segunda fase del proselitismo.

Consiste ésta, básicamente, en aderezar con nuevos, diferentes  --pero sugerentes--  motivos e ideas, ese mar de confusión  y hartazgo que el reclutador va --desde luego-- a seguir alentando pero  ahora  de forma específicamente orientada, dirigida, encauzada,… al propósito terrorista.

Para ello, y como en todo empeño de doma, habrá de hacer una llamada a los viejos atavismos zoológicos que aún subsisten en el género humano. Y recurrirá a la típica e infalible técnica ‘del palo y el caramelo’...  refiriéndolos  ahora  a  figuras ‘religiosas’ que, por serlo, trascienden el día a día y pueden entonces adulterarse  hacia una simple ‘evasión’ de lo cotidiano…

 Mas… en tocante a lo religioso, no creemos que quepa gran disenso en atribuir el ‘palo’ a la ‘amenaza’ del Infierno, y ‘la zanahoria’ ( o caramelo), a la ‘esperanza’ del Cielo. Es algo que --como dijimos la vez pasada-- está impreso en nuestra propia condición ontológica  (o forma de ‘existir’: que no es autónoma, sino que se nos ha participado;  y que, en consecuencia, con ella no podremos ya hacer ‘de nuestra capa un sayo’ (o sea:  no, lo que nos dé la gana), sino que tendremos que atenernos al lugar y cometido que en el conjunto del Universo nos corresponda. Y que, en tanto aceptemos y ejerzamos de buen grado y modo este condicionante  ‘existencial’, así estaremos alcanzando nuestra plena ‘realización’ existencial (o plenitud última de nuestra existencia), o no (en caso contrario).

De tal modo que --decimos-- este tipo de ‘palo o zanahoria’ es consubstancial a nuestro existir; y nunca podremos ‘librarnos’ de tener que tenerlo en cuenta…

Pero la cuestión está en si lo adulteraremos ‘a nuestra conveniencia y coyuntura, o no. Ésta es la cosa.

Y sucede que, en términos yihadistas, el ‘palo’ radica en un Infierno impuesto como ‘castigo’ de un dios-tonante’, cruel, vengativo… que caerá sobre nosotros si… ¡NO  ¡‘matamos’!  a los ‘infieles’!…

Mientras que la ‘zanahoria’ apela a lo más zoológico de la condición humana: el egoísmo…  ¡‘sexual’!,… de un paraíso de esclavas huríes ‘a nuestro servicio y para nuestro capricho…’ (en figurada representación al margen).

Se introduce así, ahora, en el joven desesperanzado, harto y, sin embargo, ‘idealista’, un nuevo horizonte y motivo de ‘por qué y para qué’ vivir que no es otro que el de ¡‘suicidarse’! pero ¡’ matando’! -- curioso, por contradictorio: vivir para morir y matar; pero que adula las tentaciones que de esto ya tuviera el hastiado--… aunque ahora aderezadas --como dijimos--  con evitar así ‘el palo’ último --el ¡’castigo de Dios’! por no matar a los infieles--, a cambio de granjearse el gran ‘caramelo’ de tener a toda una cohorte de vírgenes como  prostitutas a nuestra eterna disposición…

Y si a esto añadimos que el reclutador plantea, ¡’antes que nada’!, que el joven ingenuo e incauto ¡’rompa’!  con todas y cualesquiera personas de su entorno --y que, obviamente, podrían alertarle de los sinsentidos  a que le están arrastrando--, la víctima de la acción proselitista, como frente a una o cualquier otro tipo de ‘secta’, queda como ‘conejo a merced de anaconda’

Compárese, en fin, esta teleología existencial con la metafísica existencial que nosotros ya hemos expuesto en el anterior inserto. Y  se comprobará lo siguiente:

En nuestra perspectiva, no hay por parte alguna ¡ni rastro! de ‘hedonismo’ (esa fruición por disfrutar incluso lo efímero que causa resaca), sino el rotundo altruismo de aceptarse ‘partícipes’ y, por tanto, también  ’participar’ a todos, de todos, y con todos… en el Amor Infinito del que procedemos y al que estamos llamados.

 En la «seguridad»  o ‘esperanza’ (que no, con el «propósito» (que ya sería egoísmo)) de que ésa, y no otra, será nuestra plenitud (autorrealización plena) existencial,… PERO  ¡’en el respeto’! ycomplementación’ de todos con todos, en vez de odios, rivalidades y exterminios…

Y fundado todo ello en la más radical y estrictafilosofía (o investigación de la realidad y sus porqués y paraqués), desarrollada desde la más absoluta asepsia emocional.

Bien distinto todo ello, por cierto, de esa permanente incitación al más burdo, miope, efímero y antisocial e insolidario hedonismo ( o la ‘satisfacción por la satisfacción, y cueste lo que cueste, y caiga quien caiga’) que se nos antoja --como hemos apuntado más arriba-- la raíz (antes o después) de todas las ‘rupturas’ juveniles, ‘corrupciones’ sociales, y ‘fracasos’ colectivos.

Somos un todo, formamos un todo, y somos --como dijo Gorbachov--  cadena de alpinistas que: juntos alcanzar la cima, o caer juntos en el abismo.

Porque el cerebro lo tenemos --pensamos--  para convivir cada vez mejor, y no para aniquilarnos.


Dr. Prof. Fernando Enebral Casares





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